
Las industrias culturales (ICs) son un nicho complicado. Más aun si hablamos de ICs en países en desarrollo. Y peor si lo hacemos de ICs en mercados pequeños de países en desarrollo, o sea en Chile. Por eso es realmente impresionante que en Chile la industria de los netlabels (sellos on-line de distribución gratuita) no sólo esté creciendo, sino que entregue productos de tan alta calidad como
Pueblo Nuevo, música chilena de raíz electrónica, o música electrónica de raíz chilena.
Pero antes de entrar en los natlabel chilenos y en Pueblo Nuevo, algunos antecedentes sobre las ICs.
- Las ICs están conformadas por el cine, la televisión, la música, la industria editorial, las artes y los video juegos, y son parte de las llamadas ?industrias creativas', categoría más amplia que incluye al diseño, la arquitectura, la publicidad, el turismo cultural, la moda, etc.
- Las ICs -sobre todo aquellas dedicadas a nichos de frontera- dependen fuertemente de las economías de escala, y esto tanto para la demanda como para la oferta. Por el lado de la demanda el tema es bien conocido: las ICs, sobre todo aquellas dedicadas a la producción de vanguardia, precisan para sobrevivir de un mercado lo suficientemente grande en cifras absolutas como para que el consumo cultural logre, al menos, pagar los costos de los agentes que lo producen. Eso de "ampliar el mercado" (La Ley/Pánico instalándose en México/París) responde en parte a esto.
- Pero la instalación de Pánico en París también responde a que las economías de escala son claves para las ICs desde la perspectiva de la oferta (y aquí ya entramos en lo que se llaman las economías de urbanización). Para una industria cultural, estar localizada en un lugar donde hayan varias (ojala muchas) industrias culturales es muy beneficioso. Esto no sólo porque de la co-localización nace la competencia y la colaboración y la imitación y los circuítos virtuosos, sino también por la estructura winner-gets-all de las ICs. Pongamos un ejemplo. En una industria tradicional (digamos fabricación de refrigeradores), cuando después de años de intentos/errores alguien le da en el clavo (digamos incorporar el freezer), toda la industria sale ganando, no sólo la empresa pionera: el beneficio de la innovación se distribuye. Pero no es así con las ICs. Se requiere que en un momento y en un lugar dado haya cientos de artistas trabajando y colaborando y compitiendo para que de todos ellos, de todos esos esfuerzos, éxitos y fracasos, salga un y sólo un Warhol y se lo lleve todo: sin la efervescencia e intensidad creativa de Nueva York de los 60s Warhol nunca hubiese existido, pero ninguno de su congéneres, por más que su trabajo hubiese sido extremadamente similar al de él o que haya contribuido inspirando su obra, pudo participar de su éxito, o al menos al modo en que todos los fabricantes de refris participaron del éxito del freezer.
Todo lo anterior hace pensar que Chile es un mercado extremadamente poco atractivo para las ICs: el mercado es chico, hay poco consumo cultural y por lo tanto no existe la masa crítica necesaria para que salgan innovaciones ?que la rompan', y menos en un sector como el discográfico que pierde el 17% de sus ventas al año. Pero los netlabels, lejos de reducirse, siguen creciendo en Chile. Hay varios de ellos que son dignos de celebrar (ya escribí en Enjambre algo sobre Jacobino Discos), pero en este post quiero dedicarlo a uno de los sellos más creativos, serios y prolíficos de la escena electrónica-experimental: Pueblo Nuevo.
Pueblo Nuevo (PN) nace hace 3 años de la iniciativa de
Daniel Jeff y
Mika Martini. A la fecha PN ha producido cerca de 25 trabajos, casi todos descargables gratuitamente. El cuidado en cada producción, desde el arte de las carátulas hasta la organización de la tocata de lanzamiento, es total. O sea no estamos ante unos tipos que suben los mp3s de los amigos, sino ante un verdadero sello discográfico.
La variedad de su catálogo de PN no es menor. Su comunidad la componen proyectos experimentales y algunos derechamente doctos (como el trabajo de
Federico Schumacher, la compilación sobre
música electroacústica chilena o las exploraciones etnomusicales de
José Perez de Arce) pero también realizaciones más orientadas al
dancefloor. Como el mismo Mika me decía, la única condición es que el trabajo sea de calidad y que se vea un compromiso detrás del autor. A PN le llegan entre 4 y 6 trabajos al mes (aceptan generalmente a uno) y en promedio sus discos son bajados mil veces al mes.
Es notable también la organización de PN. Su página web funciona, se actualiza constantemente y es de calidad. Al menos dos veces al mes PN gestiona tocatas y eventos, que van desde simples sesiones de dj hasta organizar recitales más grandes. PN ha viajado a México, Argentina y Bolivia a mostrar lo que hacen.
Y no está de más decirlo, Jeff y Mika hacen esto exclusivamente por amor al arte, quitándole horas (y no pocas) a su tiempo libre y sus familias y con ninguna expectativa de capitalizar monetariamente el proyecto, al menos por ahora. El propio Mika me explica que en el corazón de PN hay una crítica a la industria discográfica y a todo el tema que gira en torno a la autoría y a los derechos de propiedad. Esa es su apuesta y su visión; el nombre del sello y su logo no es gratuito; las nuevas tecnologías son para PN una herramienta (o más bien un arma) para avanzar en la creación artística y en la formación de industrias culturales independientes sin tranzar ante las restricciones del mercado y la industria, burlando al opresor como Manuel Rodríguez, en sus propias palabras. Ya se abrirán las grandes alamedas para que pasen las industrias creativas libres. Grande PN.